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Con reformas, pero sin crecimiento

De acuerdo con el Centro de Estudios de la Industria (CEI) de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), en 2018 México se debatirá entre la esperanza y la realidad; las promesas del ciclo electoral abonarán a la primera perspectiva, los resultados a la segunda. Un análisis objetivo permite afirmar que durante el 2018 el país no llegará al paraíso prometido de crecer 5%.

Añade que el punto de partida no será el más propicio para la economía 15 del mundo. A pesar de las reformas estructurales aprobadas desde el cierre del 2012, el crecimiento del PIB nacional sigue anclado alrededor de un 2%.

El “estancamiento estabilizador” no cedió su lugar al progreso ofertado en el anterior ciclo político. De igual forma, el “bienestar para la familia” y “el crecimiento del 7%” que se anunciaron desde 1994 se mantienen en un horizonte lejano, más próximo a los países del Este Asiático que a México, una nación que llegó a ubicarse entre las primeras del orbe al inicio de la década de los años ochenta del siglo pasado.

Se debe reconocer que a diferencia del “Presidente del Empleo” que llevó la administración pública entre el 2006 y el 2012, en esta ocasión se avanzó en la formalización del mercado laboral y en la reducción de la tasa de desocupación.

No obstante, es necesario establecer que ello se logró en función de la creación de ocupación y empleo, en donde las personas con más educación tienen menos oportunidades para encontrar un lugar en el mercado laboral, básicamente porque la economía no genera suficiente valor agregado y por ello no requiere de capital humano especializado.

Detalla el CEI que el contexto descrito es distinto al que esperaban las autoridades para el cierre de la administración. Si se recuerda, en los albores del actual sexenio la prospectiva descrita en el Plan Nacional de Desarrollo y el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo era que, con las reformas estructurales, México crecería en más del 5% en 2017 y 2018. Su razonamiento era que los cambios macroeconómicos tendrían la facultad de elevar las capacidades productivas de la microeconomía, es decir de las empresas y los trabajadores.

Los cambios se realizaron, pero el crecimiento no llegó, aun la reforma energética no se ha convertido en el propulsor de una mayor producción de petróleo y gas, así como de otros energéticos y sus derivados más baratos. Por el contrario, la importación de estos últimos presionará a la economía en 2018.

El objetivo inflacionario no fue alcanzado y a ello contribuyó tanto el desequilibrio generado por la liberalización del precio de las gasolinas, como la depreciación del peso frente al dólar.La autoridad monetaria reconoce que para el 2018 la presión de ambas variables continuará, y probablemente se exacerbará más, tanto por el ciclo político como por la renegociación del TLCAN, lo cual México deberá aceptar ya sea bajo la forma de su fin o por la firma de un acuerdo, en el cual Estados Unidos termine por imponer sus condiciones.

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