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Las manos que han salvado un Santuario

El Santuario

* Este texto obtuvo el primer lugar en el concurso de periodismo de Estafeta “Las Historias que nos Mueven». 

El “Santuario de la Bicicleta y la Foto” es una cafetería que se ubica en la zona centro de Guadalajara, Jalisco. Desde su inauguración, el 6 de marzo del 2020, no ha operado en condiciones “normales” porque a los ocho días de su apertura se desató la peor pandemia que ha enfrentado la humanidad.

Como muchos negocios, no se ha salvado de la quiebra por obra de algún milagro, sino gracias al trabajo duro de sus propietarios Araceli y Carlos, que han resistido los embates del Covid-19 y la crisis económica para seguir recibiendo a sus fieles comensales.

Araceli Robles estudió fotografía en la Universidad de Guadalajara. Su esposo, Carlos Ibarra, también es fotógrafo y trabajó durante 22 años en el periódico Mural, pero a inicios de octubre del 2019 “le tocó recorte de personal” y ahí nació la idea de poner un café con el dinero de la liquidación.

“Nos metimos al FOJAL (Fondo Jalisco de Fomento Empresarial) para sentar bien la idea. La planeación nos llevó de noviembre del 2019 hasta marzo del 2020 cuando inauguramos el café. Habíamos concretado nuestro sueño, pero no sabíamos lo que venía más adelante”, comentó en entrevista Araceli Robles, propietaria, barista, cocinera y mamá de Julieta de 11 y Santiago de 3 años.

Carlos y Araceli se conocieron en el 2008 en el grupo de ciclistas Cámara Rodante que él fundó con otros colegas fotógrafos para rodar fuera de la ciudad y tomar imágenes. Por ello, la cafetería también alberga una galería de fotografía y arte.

“Siempre hemos tenido esas pasiones, por eso elegimos llamarlo Santuario de la Bicicleta y la Foto; es un concepto que engloba nuestras vidas, por eso no lo hemos dejado morir a pesar de la pandemia, sería como dejar morir nuestras ilusiones”, expresó Araceli.

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La ola de contagios que llega

En los primeros meses del 2020 los alcances de la pandemia de Covid-19 aún eran desconocidos. El primer caso de Covid en el país se detectó el 27 de febrero en la Ciudad de México. En Jalisco se confirmaron los dos primeros casos el 14 de marzo.

“Ahí empezó el caos. El Gobernador (Enrique Alfaro) decidió ponernos en cuarentena dos semanas y eso nos rompió todo. Solo duramos 8 días en la ´normalidad´. No sabemos cómo funciona el negocio sin pandemia”, explicó Araceli.

Al inicio pensaron -como todos- que era temporal, que para abril o mayo del año pasado estaría controlada la situación, pero no tenían noción de lo que implicaba una crisis sanitaria global. Un año después, al 21 de mayo de 2021, Jalisco se ubicaba como la 5ª entidad con más casos de Covid con 86,625 y la 3ª en muertes con 12,107.

Para salir adelante, Araceli ha tenido que emprender cambios en el negocio. Únicamente vendían café, una mezcla de cuatro granos de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, ahora incluyen paninis, pizza y otros bocadillos en su menú.

También adoptaron todas las medidas sanitarias: un área de lavado de manos en la entrada, gel antibacterial en la barra y baños, tapete sanitizante, toma de temperatura. El café se aloja en una tradicional casa del barrio antiguo del centro de Guadalajara, por ello cuenta con cuatro salas con mesas aisladas en cada una para mantener la sana distancia.

Implementaron además la opción de entrega a domicilio, lo que en parte ha salvado al negocio de la quiebra. “La gente estaba desconfiada, dejaron de venir al lugar y si venían había que limpiar todo varias veces porque pensaban que alguien pudo haber dejado Covid al sentarse en la silla”, expresó.

El momento más crítico para El Santuario fue noviembre del 2020, cuando la primera ola de contagios golpeó con fuerza a Guadalajara y el gobierno decidió aplicar el “Botón de Emergencia”, conocido popularmente como “El Botonazo”.

“Ese mes dejó de venir la gente, teníamos días en que no venía ni un cliente y solo abríamos cuatro horas, era insuficiente y pensé que de seguir así tendríamos que cerrar definitivamente el café”, recordó Araceli.

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Encomendarse a todos los santos

Para mantener abierto el Santuario de la Bicicleta y la Foto, Araceli ha tenido que echar mano de todos sus recursos para pagar la renta del negocio, además de los gastos que implica ser una familia de cuatro personas.

“El negocio no está dando lo suficiente, pero seguimos al pie del cañón, no queremos darnos por vencidos. Muchos negocios de la zona han cerrado o se han mudado, eso a veces nos desalienta”.

Hasta la fecha, nadie del gobierno local o estatal se ha acercado a ellos para ofrecerles algún apoyo. La fórmula para sobrevivir ha sido completamente de sus propietarios, pero han tenido semanas muy apretadas. “Hace poco mi hijo se enfermó y tuvimos que usar el dinero para medicinas. La máquina de café también se descompuso y todo eso nos desbalanceó y estuvimos muy agobiados”, expresó Araceli.

Incluso, en abril de este año, tuvo que rifar su bicicleta de montaña Trek 3500 con la que casi cada domingo salía a rodar a las zonas boscosas, lejos de la Zona Metropolitana de Guadalajara, para darse un respiro de aire limpio y de la tensión que se acumula tras los días de cada semana en el negocio.

“Me dolió desprenderme de mi bicicleta. Me costó mucho trabajo comprarla, pero era algo necesario porque no quiero cerrar el negocio; le hemos invertido trabajo, ahorros, tiempo, cariño, por eso trato de mantenerme positiva”.

El programa de vacunación en Jalisco ha avanzado paulatinamente este año y desde el 26 de abril están en semáforo epidemiológico verde. Con ello, el Santuario de la Bicicleta espera mejores tiempos y que no haya un retroceso; “me da pavor un nuevo botonazo como el de noviembre, no sé qué pasaría”.

A pesar de todo, Araceli no se arrepiente de haber abierto el negocio casi al inicio de la pandemia y de todo el esfuerzo que ha implicado mantenerlo operando. Piensa que la mejor elección fue haber invertido el dinero de la liquidación de su esposo.

“Creo que lo abrimos en el momento justo, porque si no lo hubiéramos hecho, ese dinero ya se habría esfumado. Ha sido difícil, pero hemos tenido que acostumbrarnos a la pandemia, adaptarnos, trabajar hasta que duelan las manos y encomendarnos a todos los santos cada día, aquí, en nuestro querido Santuario”, finalizó Araceli Robles.

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